Una victoria para la libertad de expresión

Publicado originalmente el 11 de octubre del 2013 en Fundación Eléutera.

Por Jorge Constantino Colindres

Un caso que debemos estudiar y guardar para la historia es el del pastor Evelio Reyes, quien fue acusado ante la Fiscalía por miembros de la comunidad LGBT por haber proferido comentarios que al criterio de estas personas, violaban sus derechos fundamentales. El pastor Evelio, citó el pasaje bíblico de Levítico 22:20, conocido por algunas personas como el pasaje “antigay”, y llamó a sus feligreses a no votar por candidatos homosexuales.

El pastor fue llevado a los Juzgados de lo Penal de Comayagüela, para que rindiera cuentas sobre sus comentarios y tras múltiples manifestaciones a favor y en contra del pastor y algunas deliberaciones en el juzgado, se le dio sobreseimiento definitivo al caso por estimarse que no había sustento suficiente para argumentar que hubo discriminación.

En mi opinión, no debemos discutir si los comentarios del pastor eran acertados, o si se le debe reconocer a los gays los “derechos” que exigen. Sino que de estos acontecimientos debemos percibir una sola cosa, fragilidad de la Libertad. Es esta fragilidad que pone en riesgo nuestras libertades históricas más básicas, libertades que desde ya hace mucho caracterizan al mundo occidental, y deben ser defendidas ante cualquier amenaza.

No se trata si los comentarios del pastor eran discriminatorios, aunque de esto no hay duda que lo eran, y como todo ser humano este discrimina a diario sobre lo que cree ser bueno o malo. Se trata sobre si el pastor tiene la libertad de pensar por sí mismo lo que es bueno o malo. Se trata de la libertad de culto, pues su religión es clara con respecto a la homosexualidad. ¿Tiene el pastor derecho a ese culto? O deberá callarse por afectar las sensibilidades de algunos. Pero más importante aún, se trata sobre la libertad de expresión,  y es este derecho el que en más peligro se encuentra tras estos sucesos.

Además, no solo vimos un atentado contra la libertad de culto, conciencia y expresión. Vimos un peligro que además amenaza nuestra libertad política, al haberse querido silenciar al pastor por dar su opinión sobre quienes serían candidatos adeptos a representarlo a él y su congregación.

Cabe recordar que no es la primera vez que miembros de la comunidad lésbico-gay tratan de socavar la libertad de expresión, pues tiempo atrás también habían presentado una denuncia contra el candidato presidencial del PAC por haberse pronunciado en contra del matrimonio homosexual. No es si el estado tiene derecho a prohibir u obligación a reconocer el matrimonio homosexual, sino que es la libertad de expresar nuestra opinión la que está en cuestión. No son sólo los derechos de Salvador Nasralla y Evelio Reyes que peligran sino los de todos nosotros.

¿Pero de donde nace este peligro? ¿Por qué existe en Honduras un sistema legal que le da la oportunidad a ciertos grupos para tratar de silenciar a aquellos con los que difieren? ¿Acaso tenían sustento legal para interponer una denuncia?

Pues este peligro que se nos ha avecindado recientemente, que cuenta con sustento legal, también tiene madre, y una con antecedentes de esfuerzos por coartar nuestras libertades. Pues fue la Ministra de Justicia y Derechos Humanos Ana Pineda quien promovió la reforma al artículo 321 del Código Penal en febrero de este año y que anteriormente salió a la defensa de la llamada “Ley Mordaza”, que por presión popular se logró abortar a tiempo. La ministra, promovió la reforma al art.321 específicamente para poner a personas como el Pastor Reyes en la cárcel, pues había argumentado que se hacía para proteger los “derechos” de la comunidad LGBT ante los amenazantes comentarios de aquellos que se atrevan a expresar opiniones contrarias a las suyas.

El artículo 321 del Código Penal castiga la discriminación con 3 a 5 años de reclusión, más una multa de 30 mil a 50 mil lempiras. El peligro de este caso radica en que este es el castigo al que todos estamos expuestos cada vez que expresemos nuestras opiniones, pues ¿Quién va determinar si lo que se dijo es o no es discriminación? El juez probablemente, y esta vez el fallo fue  favor de la libertad de expresión, pero el pastor tenía toda su congregación que lo apoyaba, tanto que el Congreso Nacional se movió inusualmente rápido para reformar el artículo 321 si fuese necesario, ¿pero será que el ciudadano común tendrá la misma suerte?

El problema fundamental no es si los jueces decidieron correctamente o no, si se discrimino o no se discrimino, sino que gracias al artículo 321 posean la facultad de hacerlo, la de emitir fallos judiciales sobre cada enunciación que pueda ofender las sensibilidades de algún grupo.

La Confraternidad Evangélica está liderando el empuje por una contra-reforma al art.321, todos los que queramos defender la libertad de expresión debemos apoyarlos en esta lucha pues, esta no es una confrontación entre la comunidad gay y los religiosos, sino que es una confrontación entre aquellos que buscan mantener con vida nuestras libertades fundamentales y aquellos que no.

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